La de miradas que se cruzan con las nuestras a lo largo de nuestras vidas, algunas las olvidas pero otras las recuerdas, recuerdos lejanos que parecen retazos de un sueño...
Quien diría que algún día tu mirada se juntaría, junto a la mía.
Era un frió día de invierno, la gente aun estaba esperando a que llegara Papa Noel o la nochebuena, o las dos cosas a la vez. Y ahí estaba esa persona, esa que siempre le sacaba de quicio y le hacía sentirse el hombre más idiota del mundo pero a la par que feliz, con sus idas y venidas, sin saber siquiera que quiere de el, o si tal vez nunca ha querido nada, solo su subconsciente lo sabría...
La indecisión llenaba el ambiente, el saber que hacer era algo inalcanzable a cada segundo, pero finalmente fueron capaces de salir del paso.
Eligieron al final dejarlo todo conforme estaba, aceptar que eso no puede ser y que la estupidez era el creer en el futuro de una historia increíble de vivir, o al menos eso creyeron que pasaría...
Un segundo, un suspiro, una sola mirada fue suficiente para sentir su presencia dentro de un corazón que ya daba por perdida la guerra, el amor llego finalmente a una pareja un tanto peculiar, pero poco duro y la realidad volvió a poseer sus vidas, tendiéndolos que separar, sintiendo ese dolor que provoca el vació en tu pecho al arrancarte el corazón sin avisar. "Pasaron los días y los dos creyeron que no volverían a sentir el labio del otro, decepcionante situación a la que llegaron por miedo a ser más."
El sufrimiento era el aire que respiraban continuamente, sin poder ver una tenue luz al final de esa oscuridad llamada dolor, aun que como bien se dice, la luz al final del todo, aunque sea en ultima estancia, haría presencia en sus vidas.
Semanas pasaron de aquel día que nunca olvidarían hasta que se volvieran a ver, sin creer lo que veían sus ojos ocurrió, un segundo, un suspiro, esa misma mirada... El tiempo se agoto y tuvieron que desaparecer de sus vistas, pero sabiendo seguro los dos que, aquella historia increíble, no había hecho nada más que empezar.



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